La vida nos puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos… Un hecho puede perturbar nuestra tranquilidad, romper nuestras expectativas,… Mañana tenía que ir a comer con mis amigos… Y… Se siente un suave pitido y luego es como si todo fuera a cámara lenta… Lo vives, pero es como si no te estuviera pasando a ti, como si lo vieras desde fuera… Un accidente, una mala noticia, un diagnóstico fatal, una muerte, una agresión, un desahucio, un despido, abusos, acoso…

Los hechos no son por sí traumáticos, no todo el mundo reacciona igual. Delante de un golpe tan fuerte todo tiende a quedar sacudido no todo el mundo queda alterado días y meses, y años. Es probable tener una vivencia traumática en situaciones como estas.

Cuando estos hechos ocurren incluso a personas que no conocemos, en las noticias por ejemplo, ya podemos intuir el dolor que generan. Pues cuando nos toca a nosotros, el golpe puede ser sobrecogedor.

Es una reacción involuntaria, y a la vez normal ante un hecho tan anormal en nuestra vida. Y el trauma instala y cuesta tanto afrontarlo que a menudo intentamos taparlo, callárnoslo, ignorarlo evitando situaciones que nos hagan pensar, pero fácilmente el revivimos… hasta que se enquista.

Y siempre, siempre deja secuelas, siempre y para siempre duele. No es sólo una piedra en el zapato, los traumas de acumulan. Abordarlo con respeto, ofrecer herramientas adecuadas para manejarlo, y abrir puertas para solucionarlo…

I así se vive infinitamente mejor.