La depresión es un concepto coloquial que se utiliza para hablar de las alteraciones del estado de ánimo. La depresión, los estados depresivos, nos refieren a una vivencia excesiva y llena de malestar del pasado, de las experiencias vividas. Revivir una y otra vez de forma punzante hechos que nos han afectado de forma significativa. La depresión es casi paralizadora, y te sientes superado, utilizando demasiado a menudo la expresión “no puedo".

No hay que confundir la depresión con la tristeza. La tristeza es una emoción congruente con una experiencia a menudo relacionada con la pérdida (muertes, separaciones de pareja, trabajo, resultados…), y es una reacción adaptativa, normal y necesaria. No somos de hielo. O no lo deberíamos ser. La depresión es una tristeza exponencial, y se mantiene activa durante los meses posteriores de forma muy intensa afectando claramente al día a día, en casa, con los amigos, los estudios, el trabajo…

Las alteraciones del estado de ánimo pueden ser diversas, fluctuar en el tiempo, y quizás confundirse unas con otras. En general, podemos hablar de alteraciones afectivas significativas cuando:

Se presenta ánimo depresivo la mayor parte del día, y cada día, quizás con irritabilidad, falta de interés por lo que acostumbraba a gustarte, casi nada te satisface, tienes un cansancio constante, el “no puedo" ocupa un lugar privilegiado en tus frases, invasión por sentimientos de culpa gigantes o sentirse inútil. Y fantasear con la muerte puede aparecer en los pensamientos…

En algunos casos, puedes pasar de estar deprimido a una euforia máxima, a tener una energía desorbitada, de no necesitar descanso, de poder con todo, y todo se hace en exceso, un exceso visible y extraño a ojos de los demás.

Insisto en no confundirlo con un proceso de duelo, de pérdida. No quiere decir que estos no puedan ser tan punzantes como la depresión, lo pueden ser. Pero el duelo es un proceso de adaptación a una pérdida importante para nosotros, y se espera que al final de este proceso la persona haya podido asimilar, incorporar esta pérdida, pudiendo persistir a la vez la tristeza.