La ansiedad es una reacción natural ante situaciones nuevas o retos (sociales, laborales, educativos…) y que nos afecta de forma global. Tiene una importante función básica de supervivencia: es un sistema de alerta que se activa cuando se percibe un peligro o una amenaza, y que nos permite afrontarlas.

Es muy normal preocuparse cuando las cosas van mal o todo se complica y nos resulta estresante. Pero si las preocupaciones son desbordantes, puedes tener la sensación de que dominan tu vida. Si pasas demasiado tiempo preocupado o nervioso, o tienes dificultades para dormir días seguidos, si te enfadas fácilmente, si te cuesta concentrarte y conectar con lo que pasa a tu alrededor, si te sientes culpable de demasiadas cosas, cuando el “y si…?" es habitual en tus pensamientos, diremos que debes estar teniendo síntomas de un problema de ansiedad. La ansiedad nos aparece en forma de pensamientos siempre negativos sobre el futuro que vendrá, cercano o lejano, tomando forma de miedo, de temor, que queremos evitar. Esta ansiedad puede manifestarse de diversas maneras, como explico a continuación, por separado o conjuntamente.

Tener una ansiedad que se dispara hasta el punto de tener la sensación de que no puedes ni respirar, que te ahogas, que pierdes totalmente el control de la situación, que puedes caer de un momento a otro. Es tan potente que nos entra miedo de sufrirlo de nuevo, miedo del miedo. Y se puede producir en espacios donde hay más gente (normalmente mucha gente) o grandes espacios, y sólo quieres huir de allí, y no volver más, y progresivamente a ninguna situación que se le pueda parecer.

Otra forma es sentir una ansiedad persistente, como un motor en la cabeza, que te hace estar controlando todo tu entorno, que estás pendiente de todos, que te cuesta desconectar de todo, que sufres de verdad siempre que alguien llega tarde o porque no le pase nada durante el trayecto o…

Quizás la ansiedad “te obliga" a comprobar, repasar, contar, limpiar o hacer una y muchas veces la misma acción, aunque sepas que probablemente no tiene mucho sentido sufrir por lo que sufres, no lo puedes evitar. Y con el tiempo, menos te puedes estar, todo está lleno de “y si…?", te sientes como enganchado, no puedes parar, cada vez más inseguro, y la ansiedad es inmensa.

Después de vivir una situación muy impactante pueden volverte imágenes, tener pesadillas, sensaciones corporales muy parecidas a las sentidas en ese momento, sobresaltos, estás muy vigilante, y poco a poco evitas cualquier cosa que puedas relacionar con ese hecho.

Y tenemos que hablar también de los miedos concretos, las fobias, que pueden ser a animales, a elementos de la naturaleza, en colores, y cualquier cosa, incluso a estar con gente.